lunes, 19 de abril de 2010

Miedo injustificado (Primera parte)


Para no perder mi costumbre de cualquier inicio de entrada...les haré la pregunta que les de la clara idea de lo que contaré...Por qué tener miedo a algo que no conocemos?...a algo que nunca hemos experimentado...a algo que nunca hemos visto ni vivido...

Quizás algunos me digan: no no tengo miedo, porque no lo conozco...pero estaría casi segura que si, cuando es la primera vez en algo siempre -pienso yo- tenemos terrible e inocente miedo.

Inocente porque como niño se esconde...se escudera en pocas palabras al decir no quiero hacerlo...tengo miedo, y terrible porque lo tienes pensando toda la noche y no puedes dormir tranquila; me sentía muy intranquila debía ocupar mi tiempo, mi mente para no pensar en lo que sucedería hoy, sentía que algo diferente y no sabia si malo o bueno llegaría.

Por qué sentí tanto miedo a algo que no conocía, o que quizás si lo conocía pero de otra manera, en menor magnitud. Me escondí, mi mente sola encontraba aquel escondite, pero era tan frágil que volvía a tener ese miedo.

Hoy fue un día de cambios, cambios grandes y que...desde que me abrí los ojos...no dejé de pensar en él. Me fui chocando con toda pared que se me cruzara, me fui arrastrando aun con sueño a la ducha, pero mi mente estaba clara...no quería que fueran las 9 a.m. Después de mucho tiempo sentí aquel aroma de mar, que ya anuncia la llegada de un frío invierno y para ahora nuestro caso un frío otoño y eso me hacía recordar mi primer día en la pre, a la que también llegue con temor...no conocía a nadie y sabía que se venían cosas duras para mi. Ese aroma me traía recuerdos gratos y temerosos, siempre inicié todo lo importante para mi carrera en épocas de frío, y aunque lo adoraba no pude evitar que pasan las horas y pasa el tiempo y no se puede detener, algo me decía que había algo extraño.

Fue pasando los minutos y ya mas despejada -aunque para algunos no les funcione el agua caliente, yo estoy encantada de un buen baño caliente- me alistaba y me preocupaba por lo que usaría, es que claro era mi primer día en un ambiente completamente nuevo...no en actividad pero si en lugar, me senté tranquila...y seguí mi ritual de los ojos dibujados, y luego con solo amarrarme el cabello -mi cabello no conoce el peine cuando sale de la ducha- decidí salir al encuentro. Salía con 1 hora y 10 minutos de anticipación, extraño porque hace menos de 4 días, esperaba mínimo 40 minutos y eran suficientes. Llegue al primer encuentro...un bus sobrepoblado, en cada grada una persona...sabía que si subía no llegaría viva a la siguiente esquina, así que decidí esperar uno más y tardó...no acostumbro esperar tanto por algo, y éste sí que se hizo esperar. Subí tranquila y me cogí del primer elemento horizontal que me encontré antes de caer encima de algún pobre e incauto pasajero. Llegué a mi primer destino con los crespos y rebeldes hechos -no se puede hacer nada, hay dejar ser al cabello como tal- bajé con calma y para mi extraña suerte encontré mi segundo bus, mas tranquilo -pues no nos llevó cual ganado- y sobretodo exclusivamente vacío. Llegue a mi destino final con 15 minutos de anticpación, me daba vueltas en la mente: que hago para llegar al menos 5 minutos antes?, y oh sopresa! encontré un cajero...recordé que necesitaba dinero para almorzar así que hice mi cola y esperé; eso me sirvió para que todos los señores -exclusivamente hombres, dejen de estar limpiando la vereda y dejen de molestar a quien se le cruce por el frente- entren a sus locales cual topos -sr. kimberly de la fau- caminé despacio porque sabía que mi temor aún seguía y nuevamente me sentí una niña que no quería dejar su casa para llegar al colegio o a un nido.

Llegué por fin a lo que será desde hoy mi trabajo y vi que había cola, ingenuamente pensé que los trabajadores hacen cola para entrar, además porque en su mayoría eran hombres, y hasta donde tenía entendido el edificio está compuesto más por hombres que por mujeres -existimos pocas en ese local- y un amable chico me dijo que podía ingresar porque yo no iba para entrevista alguna sino que era la arquitecta...me sentí segura cuando me dijo eso e ingresé, volteé y llegaba la persona que me había hecho escribir mi nombre y mi dirección tantas veces como líneas tiene mi mano -y cuento con la línea que todos saben me falta- me dijo pasa, en tono amable y me sentí mas tranquila aún. Ya estaba alrededor de los dientes del lobo, faltaba mucho para ingresar completamente, hice la firma respectiva y subí a mi piso. Saludé educadamente a la persona que será mi jefe durante 7 meses aún -con miedo todavía, pero sabia alejarlo con una sonrisa- han pasado las horas como minutos y mientras mas tiempo pasé ahí, me preguntaba por tuve miedo a ese cambio de trabajo, a estar con mas personas a mi alrededor, a tener las horas laborales, la sencilla respuesta fue porque mientras mas pensamos que algo será malo, más miedo nos producirá aquello; mientras más pensemos que será el cambio, mas miedo tendremos a ese miedo. Quizás no les pase a todos, o quizás jamás les ha sucedido, y debo confesar que me pasa después de mucho tiempo, desde que dejé de experimentar los domingos antes de aquel lunes en mis 3 primeros años de colegio. Buen cambio el de hoy y mejor lo que sucedió después de abandonar ese miedo, y compartir 9 horas con personas que veía, a algunos, por primera vez.